MANUAL DEL SOLDADO DE CRISTO
- Richard Germain
- il y a 1 jour
- 3 min de lecture

CAPÍTULO 1 — Estás en guerra
El creyente queda automáticamente alistado en el ejército de Cristo al momento de su conversión. Pablo le recuerda a Timoteo que él es un soldado llamado a sufrir por Jesús (“Como soldado de Jesucristo, toma, como yo, tu parte de los sufrimientos”). La Biblia dice que la victoria final está garantizada, pero requiere compromiso, fidelidad y disciplina.
El soldado de Cristo debe ser reconocible por su “uniforme espiritual”: verdad, justicia, obediencia, dominio de sí. Muchos creyentes caen porque descuidan su armadura, incluso tolerando mentiras, injusticia o impaciencia. La mentira, incluso “pequeña”, abre la puerta al enemigo (“mentir es mentir”).
La justicia, simbolizada por la coraza, implica renunciar a los “derechos” propios e imitar a Jesús en humildad y aceptación de la injusticia (Filipenses 2:5-11). El soldado también debe dominar su arma principal: la Palabra de Dios viva y aguda (Hebreos 4:12). Sin él, va a la batalla desarmado.
Finalmente, la perseverancia es fundamental: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he mantenido la fe”. Dios lucha por nosotros, pero debemos ser conscientes de que estamos en guerra y entrenarnos continuamente.
CAPÍTULO 2 — ¿Quiénes son los enemigos?
Al contrario de lo que piensan muchos creyentes, Satanás no es el único enemigo. La guerra espiritual tiene cuatro adversarios principales:
1. El mundo y sus atractivos
El creyente debe deshacerse de los hábitos y actitudes heredados de su vida pasada. El mundo ejerce una influencia sutil pero poderosa, buscando conformarnos a sus valores (Efesios 2:1-3). Lo que pertenece a la tierra debe ser “muerto” (Colosenses 3:5).
2. Nuestros deseos y pasiones
La carne produce obras contrarias al Espíritu: celos, ira, inmoralidad, divisiones, etc. (Gálatas 5:17-21). Estos deseos internos son un enemigo formidable. El soldado debe renovar su mente, huir de las influencias mundanas y buscar la “leche pura de la Palabra” (1 Pedro 2:2).
3. Los poderes espirituales invisibles
Las fuerzas demoníacas influyen en el sistema mundial, moldeando valores contrarios a Dios. Buscan despertar nuestras debilidades internas y alejar a los creyentes de la fe (1 Timoteo 4:1). Pablo nos recuerda que estamos luchando contra "los poderes de este mundo oscuro".
4. El mismo Satanás
El diablo ronda como león buscando devorar (1 Pedro 5:8). Su arma principal son las mentiras, como ocurre con Eva. Quiere convencernos de que no necesitamos a Dios. Pero Dios nos ha dado su Espíritu, no el Espíritu del mundo (1 Corintios 2:12).
A pesar de estos enemigos, la victoria es segura: “En todo esto, aquellos que nos amaron son mucho más que victoriosos”.
CAPÍTULO 3 — ¿Cómo luchar?
Dios entrena a sus soldados como un ejército de élite. Todo creyente puede aspirar a convertirse en un gran guerrero, como los valientes de David. Para ello, debe utilizar las armas espirituales que Dios le da.
Las 8 armas espirituales
1. El Cinturón de la Verdad: Mantiene todo el equipo en su lugar. Mentir expone al soldado y lo hace vulnerable.
2. La coraza de justicia: vivir con rectitud protege el corazón y el testimonio.
3. Los zapatos del celo por el Evangelio: anunciar la Buena Nueva es misión esencial del soldado.
4. El escudo de la fe: apaga las flechas llameantes del diablo y nos permite avanzar.
5. El yelmo de la salvación: La seguridad de la salvación protege los pensamientos contra la duda y el desaliento.
6. La espada del Espíritu (la Palabra): arma ofensiva por excelencia, utilizada incluso por Jesús contra Satanás.
7. Oración: conecta al soldado con el comandante supremo y le da fuerza, dirección y unidad.
8. Alabanza y adoración: Derriban los planes del enemigo y desatan el poder de Dios (“Mientras cantaban sus cánticos… fueron derrotados”).
El soldado que vive en la verdad, la justicia, la fe, la oración, la Palabra y la alabanza se convierte en un luchador de élite, capaz de obtener victoria tras victoria y glorificar a Dios en medio de la asamblea.
CONCLUSIÓN GENERAL
La batalla de la fe es real, diaria y exigente. Pero Dios ha dado a sus hijos todo lo que necesitan para vencer: su armadura, su Palabra, su Espíritu, su presencia y sus promesas. El creyente que se equipa, se disciplina y persevera se convertirá en un soldado victorioso, un testigo poderoso y un instrumento en las



Commentaires